La hora que no vuelve. Un espacio de las cuatro de la tarde que nadie ocupó no se recupera. Esa hora ya no vuelve, y lo que ibas a cobrar por ella, tampoco.
El paciente de las nueve de la noche. Escribió preguntando por una cita. Nadie contestó hasta el día siguiente, y para entonces ya había agendado en otro consultorio.